Irán
Por Agencias
El humo envolvió el centro de Tel Aviv este martes tras un masivo ataque de misiles y drones lanzado por Irán, que impactó también en diversos puntos de Oriente Medio. Mientras las sirenas de alerta resonaban desde Baréin hasta Kuwait, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su administración sostiene conversaciones avanzadas con Teherán para poner fin a las hostilidades. El contraste entre la retórica diplomática y la escalada bélica ha sumido a la región en una profunda incertidumbre sobre la viabilidad de un acuerdo inmediato.
Trump reveló que el enviado Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner, se reunieron el domingo con un alto funcionario iraní, aunque no especificó la identidad del interlocutor. Según el mandatario, la República Islámica está «ansiosa» por pactar y dispuesta a entregar sus reservas de uranio enriquecido para evitar la destrucción de su infraestructura eléctrica. Como gesto de presión, la Casa Blanca extendió por cinco días el plazo para que Irán reabra el crucial estrecho de Ormuz antes de iniciar bombardeos contra sus centrales de energía.
Sin embargo, desde Teherán la postura es de rechazo absoluto a la versión estadounidense. Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, calificó las declaraciones de Trump como «noticias falsas» diseñadas para manipular los mercados financieros y petroleros. «No se han celebrado negociaciones», sentenció el funcionario a través de sus redes sociales, desmintiendo cualquier compromiso sobre el programa nuclear que, según expertos de Princeton, ya cuenta con capacidad para producir armamento de grado militar.
En el terreno, la destrucción fue tangible: un misil con una ojiva de 100 kilos impactó en una zona residencial de Tel Aviv, dejando cuatro heridos leves y graves daños materiales. Simultáneamente, las defensas de Arabia Saudita interceptaron 19 drones en su provincia oriental, mientras que en Kuwait se reportaron cortes eléctricos por metralla caída en sus líneas de alta tensión. Israel, por su parte, mantuvo la ofensiva bombardeando los suburbios del sur de Beirut bajo el argumento de desarticular la infraestructura de Hezbollah.
La mera posibilidad de una salida negociada provocó una sacudida en la economía global, llevando los precios del crudo a la baja tras semanas de volatilidad extrema. Este respiro financiero ocurre en un contexto crítico, donde la guerra ya ha cobrado más de 2 mil vidas y amenaza con colapsar las plantas desalinizadoras que proveen agua a las naciones desérticas.




